El Málaga CF ya ha cerrado oficialmente la celebración de su ascenso a Primera División tras una jornada histórica que volvió a demostrar la dimensión del malaguismo y la conexión total entre el equipo y su ciudad. Después de más de cinco horas de recorrido por las calles de la capital, la comitiva blanquiazul puso el punto y final a la fiesta en La Rosaleda, escenario del último capítulo de un día mágico que quedará grabado para siempre en la memoria del fútbol malagueño.
La expedición del ascenso recorrió durante la tarde algunos de los enclaves más emblemáticos de la ciudad, en un itinerario cargado de simbolismo que llevó al equipo por la Diputación, el Ayuntamiento, la Parroquia de San Pablo y la Iglesia de la Divina Pastora, antes de regresar al estadio de Martiricos para cerrar una celebración a la altura de la gesta lograda días antes en Almería. El ambiente fue extraordinario desde el inicio hasta el final, con una marea blanquiazul acompañando a la plantilla en cada punto del recorrido.
Según fuentes oficiales, cerca de 150.000 personas abarrotaron las calles de Málaga durante la celebración del ascenso, en una movilización masiva que convirtió la jornada en una de las mayores concentraciones de fervor malaguista de los últimos años. La ciudad respondió con una imagen imponente, completamente entregada a un equipo que ha devuelto al club a la élite del fútbol español ocho años después.
A lo largo de toda la tarde, el cariño de la afición se hizo notar de forma especial con varios de los grandes protagonistas del ascenso. David Larrubia, Chupete, Alfonso Herrero y Dani Lorenzo fueron algunos de los futbolistas más aclamados durante el recorrido, al igual que el técnico Funes, uno de los nombres propios de una temporada que ya forma parte de la historia reciente del Málaga CF. Cada aparición, cada saludo desde los autobuses y cada cántico confirmaron el vínculo construido entre el vestuario y una afición que ha vuelto a reconocerse plenamente en su equipo.
Con el regreso a La Rosaleda, la celebración bajó definitivamente el telón a un día de comunión absoluta entre plantilla, cuerpo técnico, club y afición. Se cierra así una jornada inolvidable para el malaguismo, pero también una temporada extraordinaria que ha terminado con el objetivo cumplido y con el Málaga de nuevo en el lugar que perseguía desde hace años.
Ahora sí, tras la euforia, los abrazos y la fiesta, toca parar. El equipo afrontará en los próximos días un merecido descanso antes de comenzar a mirar hacia el siguiente reto: preparar el regreso a Primera División. Porque el ascenso ya es una realidad, la celebración ya es historia y en Martiricos empieza a abrirse paso, poco a poco, la ilusión por una nueva temporada entre los grandes.
